miércoles, 1 de mayo de 2019

MONS. THEVENIN, NUNCIO APOSTÓLICO, VISITA NUESTRO SEMINARIO


PALABRAS DE BIENVENIDA A MONS. THEVENIN, NUNCIO APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EL PAPA FRANCISCO

Buenos días Mons. Gonzalo de Villa, padres formadores y seminaristas. Estamos reunidos aquí para darle la más cordial bienvenida a Mons. Nicolás Henry Marie Denis Thevenin, Nuncio Apostólico de Su Santidad el Papa Francisco.

Para nosotros como Seminario Mayor “Nuestra Señora del Camino”, nos complace tenerlo una vez más en nuestras instalaciones. En el marco de los 37 años de vida del Seminario, en su persona y en su misión Mons. Thevenin, reconocemos la presencia, cercanía y el ministerio de Su Santidad el Papa Francisco entre nosotros. En presencia suya reafirmamos, nuestra sincera y profunda adhesión al Sucesor del apóstol Pedro, a su magisterio y a su pastoreo.

De igual manera, su presencia, es una invitación a renovarnos en la fe, en la unidad y misión señalada en Aparecida, cuando nos llama a ser discípulos misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida.

A Dios las gracias que ha bendicido nuestra Diócesis con abundantes vocaciones y ahora que contamos con 3 Seminarios.
En el Seminario Menor están estudiando actualmente 32 jóvenes y esperamos en Dios que ingresen al Propedéutico los que van terminando sus estudios este año (10).
En el Seminario Propedéutico en Chimaltenango, están formándose 21 seminaristas ansiosos de venir ya al Mayor.
Y aquí en el Seminario Mayor tenemos actualmente 51 seminaristas, gracias a Dios que los obispos siguen confiando en nosotros mandándonos a sus seminaristas, actualmente tenemos de los 51, 8 que son de otras diócesis (2 de Jalapa, 2 de Santa Rosa, 2 de Quiché y 2 de Quetzaltenango), sin olvidar que en el Seminario de la Asunción están formándose 10 seminaristas más. Este año terminarán, entre todos, cuarto de teología 10 seminaristas de nuestra diócesis.
En total, nuestra diócesis cuenta con 106 seminaristas para honra y gloria de Dios.

Su presencia nos anima a seguir trabajando en el proceso formativo, unos como formadores y otros como formandos para responder día a día a la voluntad de Dios y al Magisterio de la Iglesia.

Mons. Thevenin, sea Ud. Bienvenido.
Rector

Luego de las palabras de bienvenida, en un encuentro comunitario, algunos seminaristas lo saludaron en su lengua materna: kaqchikel, quiché, tzutujil y mam.

Mons. Thevenin en su exhortación hizo un llamado a que se debe amar a la Iglesia y al sacerdocio con libertad no por obligación. La alegría debe ser una característica propia del sacerdote para evangelizar con más eficacia. El estudio debe ser usado para el servicio sin caer en orgullo ni vanidad. Quizá la intención inicial sea una cosa pero Dios le pedirá a cada uno algo más en particular al que hay que responder con generosidad.

Luego de este encuentro comunitario se dirigió al Seminario Menor para otro encuentro con ellos.

Regresando del Menor presidió la Eucaristía estando tanto los del Mayor como los del Menor.

Confiamos en Dios en que vamos caminando a la luz del Magisterio y del pastoreo del papa Francisco. 













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miércoles, 24 de abril de 2019

HOMILÍA, APERTURA AÑO SACERDOTAL DIOCESANO 2019

Presentamos a continuación la Homilía de Mons. Gonzalo de Villa, Obispo de nuestra Diócesis, en la Misa Crismal 2019 en Tecpán Guatemala. Dando al mismo tiempo apertura a un año dedicado a la oración por los sacerdotes y para reaviviar el don recibido el dia de su ordenación. Al final de la Eucaristía consagró al Corazón de la Virgen María al Clero de Sololá.


Queridas hermanas y hermanos, queridos seminaristas y religiosas, queridos laicos y laicas y, en esta ocasión de manera muy especial, queridos hermanos presbíteros:
Nos reunimos hoy por primera vez en este bello templo colonial de Tecpán para celebrar esta misa, conocida como crismal, puesto que en ella se bendicen los oleos y, particularmente, el crisma que se utilizarán durante estos próximos doce meses en la administración de los sacramentos.
Es esta la misa presbiteral por excelencia, en que todos los presbíteros de la diócesis se reúnen en torno a su obispo para esta solemne celebración, en vísperas del triduo pascual en que rememoramos la pasión, muerte, sepultura y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Sin excluir a nadie, en esta ocasión mi homilía se dirigirá principalmente a los presbíteros concelebrantes.
La primera lectura nos remite al texto cuyas palabras después Jesús hará suyas como encontramos hoy mismo en el evangelio. En esta ocasión quisiera leer el texto en clave sacerdotal ya que el ministerio ordenado se nos ha conferido en primer lugar como un don del Espíritu que se ha derramado sobre nosotros, pobres hombres, pecadores sí, pero llamados a ponernos al servicio de la Buena Nueva.
Ustedes serán llamados sacerdotes del Señor, ministros de nuestro Dios nos dice hoy el texto de Isaías. Cada uno de nosotros ha recibido un llamado, ha querido responder al Señor, nos hemos preparado hasta el día de nuestra ordenación. Desde ese día la Iglesia y los fieles nos reconocen como sacerdotes y nos tratan como tales. Somos del Señor y somos ministros suyos.
Con alegría hemos escuchado hoy el texto de Isaías y nos reconocemos en él. Algunos tenemos ya bastantes años de ministerio; otros, apenas unos meses. Pero todos sentimos no solo el elemento común del llamado y el momento decisorio de nuestra ordenación sino que estamos invitados a considerar el tiempo de nuestro ministerio, cómo lo hemos aprovechado y en que le hemos fallado al Señor. También reconocemos que ese ministerio es ciertamente un motivo para darle profundas gracias al Señor porque El nos llamó sin que lo mereciéramos y nos ha sostenido, con misericordia, en medio de nuestras fallas y fracasos. El texto primero hoy concluye afirmando que nos reconocerán como la estirpe que bendijo el Señor. Eso nos consuela y nos compromete.  
En Febrero me toco asistir, como presidente de la CEG, a la reunión extraordinaria convocada por el papa Francisco para tocar un tema tan doloroso como vergonzoso: el tema de los abusos cometidos por clérigos en contra de menores de edad. Es un fenómeno que se ha dado en todos los continentes y, sin duda, también en Guatemala.
Ha ocurrido en un numero de casos demasiado alto, aunque en realidad es solo una pequeña minoría de clérigos la que ha cometido este crimen abominable. Ha hecho sin embargo un daño inmenso. En primer lugar a las victimas que fueron abusadas por alguien en quien confiaban. Pero un daño inmenso también a la Iglesia cuya credibilidad se ha visto comprometida por hechos graves, y por encubrimientos igualmente graves. Ha arrojado además sombras funestas sobre nuestro ministerio, tesoro de Dios que llevamos en vasos de barro. La Iglesia, que es portadora del evangelio se nos ha mostrado también como iglesia pecadora.
Para algunos presbíteros, con diferente intensidad, el ministerio se puede volver no solo una fuente de bendición para otros y para uno mismo. Puede vivirse también como un tiempo de desolación, de hastío y de resignación.
Ahí es donde la segunda lectura, la escrita por el anciano Pablo al joven Timoteo, puede retarnos y fortalecernos.Escrita para animar a alguien bueno, de buena familia, llamado a la fe desde la primera infancia, junto a su abuela Loida y su madre Eunice, Pablo escribe con cariño pero también transmitiendo fortaleza a quien sabe de su bondad pero también de su fragilidad. Por ello bien haremos todos nosotros presbíteros en colocarnos en la posición de Timoteo. También nosotros hemos sabido de la fe desde la primera infancia, también a nosotros Dios nos ha dado talentos, cualidades y dones pero también nosotros, ay, reconocemos nuestra fragilidad. Llamados a sostener y alimentar a otros en su fe, nos sabemos flacos y débiles en nuestra conducta y aun en nuestra misma fe.
Por ello el versículo seis de esta segunda lectura nos remite a un compromiso fundamental que es, a su vez, encargo cotidiano: reavivar el don, ese don recibido el día en que se nos impusieron las manos por parte del obispo que nos ordenó. Todos conocemos la imagen del fuego hogareño. Para que arda hay que alimentarlo. Sin leños nuevos el fuego se extinguirá. Pero siguiendo con esa imagen, bien sabemos que aun cuando parezca apagado, basta con que una brasa esté viva para que se pueda reavivar el fuego. Aun cuando parezca que solo hay cenizas la brasa viva será capaz de hacer arder de nuevo el fuego.  
De algún modo, ese es el reto con que debemos vivir nuestro ministerio. Para que arda, para que caliente, para que dé luz y atraiga a la familia a su alrededor, el fuego hay que alimentarlo. Nuestro consuelo y nuestra esperanza, pero también la urgencia que nos transmite el apóstol, es doble. Por un lado la invitación a reavivar cotidianamente ese carisma que recibimos de Dios pero por otro el consuelo de que, aun cuando hayamos dejado apagarse mucho la intensidad y brillantez del fuego, el Señor nos consuela y nos ayuda a reavivar el fuego de nuestra vocación, de nuestro ministerio, de nuestra misma existencia sacerdotal.
Quisiera en esta ocasión tan oportuna, lanzar un llamado a un año sacerdotal diocesano que comienza hoy. Es una invitación en primer lugar a los presbíteros para que todos busquemos reavivar ese don recibido de lo alto. También para que nos ayudemos unos a otros. Es asimismo una invitación a los laicos para que oren por los sacerdotes, para que nos ayuden humana y espiritualmente. Es además encargo a los seminaristas para que vivan su proceso vocacional con entrega y alegría. Que el tedio y el hastío que tanto daño puede hacer en nuestro ministerio lo combatamos en esa lucha constante de reavivar el don recibido en la ordenación.

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viernes, 12 de abril de 2019

SEMETABAJ, REVISTA DEL SEMINARIO

Presentamos algunas páginas de la revista SEMETABAJ que se publica en el Seminario Mayor, es una publicación interna, su objetivo es motivar a los seminaristas a que adquieran el arte de escribir, lograr plasmar en letras sus pensamientos y compartirlo con los demás.
He aquí unas fotografías de la misma, aunque no ponemos los artículos propiamente.










sábado, 6 de abril de 2019

NUESTRO PROYECTO FORMATIVO

Cada Seminario elabora un Itinerario Formativo siguiendo los lineamientos generales que la Iglesia pide para la formación de los futuros sacerdotes.
Nuestro Seminario tiene, por tanto, su propio itinerario, que presentaremos poco a poco por este medio. No es algo misterioso, o escondido, todo lo contrario, es bueno que presbíteros y fieles laicos sepan los lineamientos que pide la Iglesia para la formación de sus futuros sacerdotes para que los acompañen con su oración y todo tipo de ayuda que puedan dar.


PROYECTO FORMATIVO o ITINERARIO FORMATIVO
(REGLAMENTO INTERNO)
SEMINARIO MAYOR NUESTRA SEÑORA DEL CAMINO
DIÓCESIS DE SOLOLÁ-CHIMALTENANGO



            «Realizado el primer discernimiento vocacional, la formación, entendida como un camino discipular y misionero, se puede dividir en dos grandes momentos: la formación inicial en el Seminario y la formación permanente en la vida sacerdotal» (RFIS, n. 54).
            «La formación inicial puede ser subdividida en cuatro grandes etapas: "la etapa propedéutica", "etapa de los estudios filosóficos" o "discipular", "etapa de los estudios teológicos" o "configuradora", y etapa "pastoral" o "de síntesis vocacional"» (RFIS, n. 57).

l. PROTAGONISTAS DE LA FORMACIÓN SACERDOTAL EN EL SEMINARIO

1. EL OBISPO DIOCESANO
1.     «El Obispo es el primer responsable de la admisión al Seminario y de la formación para el sacerdocio. Tal responsabilidad se expresa principalmente en la elección del Rector y de los miembros del equipo formador» (RFIS, n. 128).

2.El presbiterio

2.     «El clero de la Iglesia particular permanezca en comunión y sintonía profunda con el Obispo diocesano, compartiendo la solicitud por la formación de los candidatos, mediante la oración, el afecto sincero el apoyo y las visitas al Seminario» (RFIS, n. 129).
3.Los seminaristas
1.   «Cada seminarista es protagonista de su propia formación y debe hacer un camino de constante crecimiento en el ámbito humano, espiritual) intelectual y pastoral, teniendo en cuenta la propia historia personal y familiar». Se espera de los seminaristas que muestren que han interiorizado un estilo de vida sacerdotal, en la humildad y en el servicio a los hermanos (RFIS, nn. 130-131).
4.El Equipo formador
2.     «El equipo formador se compone de presbíteros elegidos y bien preparados, encargados de colaborar en la delicada misión de la formación sacerdotal. Es necesario que los formadores sean destinados exclusivamente a este servicio, para que puedan dedicarse enteramente a él; por tanto, conviene que vivan en el Seminario» (RFIS, n. 132).

3.  Cada formador podrá ser designado como encargado de un determinado grupo de seminaristas, facilitando una mejor atención, sin menoscabo de su responsabilidad común en la formación de los demás.

4.     Se espera que los formadores sean unos hombres de fe; con un gran sentido pastoral; que cultiven el espíritu de comunión; que posean una madurez humana y equilibrio psíquico; con capacidad para la escucha, el diálogo y la comunicación y con una atención positiva y crítica a la cultura moderna (Directrices sobre la preparación de los formadores en los seminarios, nn. 26-42).

c. / cc.             Canon/cánones. Del Código de Derecho canónico, 1983.
n. / nn.             Numero / números
OT                   Concilio Vaticano ll, Decreto, Optatam totius.
PDV                Papa Juan Pablo ll, Exhortación Apostólica, Pastores dabo vobis, 25/3/1992.
RFIS               CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, El Don de la vocación presbiteral, Ratio
                        Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, 8/12/16.